VOY A QUERERTE
Voy a quererte, porque no encuentro
ni justificación ni alegoría,
ni una ley que se oponga,
ni enmienda que me salve;
ni un párrafo en la Poética de Aristóteles
para dejarte,
ni un soneto de Shakespeare,
ni un crimen de Allan Poe.
Pero quizás encuentre...
una huella en la arena,
alguna caracola con oculto sonido
que, al pegarla al oído, grite: "debes salvarte".
Aún así es un peligro: me salvaría contigo.
Voy a quererte a ciegas
porque este amor sin tino me sigue a todas partes,
se esparce como el polen, se pega a los abrigos.
En invierno estornudo a ver si me deshago
de este amor peregrino.
En verano me agito, y te sudo, amor mío.
Eres una sustancia tan humana y divina,
que seduces a Apolo, y tientas a Afrodita.
Los dioses del Olimpo se quedaron contigo
porque eras un deseo, y estabas prohibido.
Y yo que soy mortal... me quedaré contigo,
con el peso tremendo de un amor sin motivo.
(Diana María Ivizate González, YO TE HE QUERIDO EN SUEÑOS. Aduana Vieja Editorial, 2014)
En este blog comparto poesía, como una de las manifestaciones del arte que más llegan al corazón de los lectores. La poesía sensibiliza, abre puertas, ensancha el conocimiento por medio de la imagen, nos ayuda a ver un mundo más allá de lo aparente. Diana Ivizate
Tu lenguaje es tu signo
La poesía es un mundo que se esconde más allá de lo aparente...
Diana Ivizate
sábado, 14 de marzo de 2015
jueves, 5 de marzo de 2015
Psicología de las mesas
Psicología de las mesas
(homenaje a Freud)
Una mesa cuadrada, pulida y objetiva,
las cuatro patas firmes, nada se tambalea,
pasan las moscas, zumban,
ni siquiera se posan, algo temen,
no es de fiar la mesa sin libros y sin migas,
ni una gota de miel para jugar,
en medio de la nada, puro significado
que espanta.
Hay que iniciar el juego de subirse y bajarse,
una mujer tendida, con sus senos que apuntan a la
luna
descansa sobre ella, se baña en plata,
se mueve ansiosa de un lado para otro
de su cama improvisada
como quien busca olores escondidos,
y marca con palabras la madera que cede
bajo la punta fina de una pluma mojada:
fantasmas, evidencias, regresión y pasado,
la culpa
ya amanece y sus ojos empiezan a cerrarse
sobre la mesa fría,
pero pasa la gente que viene de algún sitio
donde la diversión ha terminado
y encuentran en la mesa un desafío,
una mujer tendida con senos afilados,
sin una sola manta,
no tirita de frío,
se observan evidencias de una noche extenuada,
pero no ha habido sexo
en medio de la nada, los deseos alientan
cuatro patas desnudas de la mesa plantada,
y la mujer suplica un poco de atención,
mientras los hombres pasan las manos tersas,
sabias,
por la madera blanca.
(Diana María Ivizate González, Yo te he querido en sueños. Valencia, Aduana Vieja Editorial, 2014)
viernes, 27 de febrero de 2015
Soñadores
Acciones
Me gusta acompañar la tempestad
con acto parecido, guiada por el cielo.
Y salir luego a la estación de trenes más cercana,
parar un tren con ese aire de quien rozaba lo
divino
unos minutos antes.
Bajarme en mi destino,
ver nevar…
Y tan lenta como la nieve actuar de nuevo,
en la alfombra marrón
que el fuego aviva con destellos sinuosos
cuando la noche cae
al otro lado del planeta.
Y aunque no lo desee, levantarme,
atravesar la alfombra hacia el regreso
en el tren que transporta soñadores
a su lugar de origen,
bajar en la parada de los arrepentidos
que inventan escenarios donde la acción
por unas horas triunfa,
y esperar nubarrones.
(Diana María Ivizate González, Yo te he querido en sueños. Valencia, Aduana Vieja Editorial, 2014)
sábado, 21 de febrero de 2015
El arte en las tinieblas
EL HEDONISTA
ÉL tiene el pelo corto, rosas en la cabeza,
la mirada perdida,
labios que no han besado más que templos dichosos
donde el arte se escapa en las tinieblas.
Él es un hedonista, un amante de todo,
un apetito estético, un romance de nácar.
¿Quién se apiada de él, o acaso de su alma?
Ese ser vaporoso nunca promete nada,
y si promete es humo
lo que hay en su mirada...
Y sin embargo, locas, lo amamos hacia el alba,
cuando el sol aparece, huye de nuestra cama.
Él es una presencia narcisista y malvada,
un Dorian Gray celoso,
un espejo sin nada.
(Diana María Ivizate González, YO TE HE QUERIDO EN SUEÑOS. Valencia, Aduana Vieja Editorial, 2014)
ÉL tiene el pelo corto, rosas en la cabeza,
la mirada perdida,
labios que no han besado más que templos dichosos
donde el arte se escapa en las tinieblas.
Él es un hedonista, un amante de todo,
un apetito estético, un romance de nácar.
¿Quién se apiada de él, o acaso de su alma?
Ese ser vaporoso nunca promete nada,
y si promete es humo
lo que hay en su mirada...
Y sin embargo, locas, lo amamos hacia el alba,
cuando el sol aparece, huye de nuestra cama.
Él es una presencia narcisista y malvada,
un Dorian Gray celoso,
un espejo sin nada.
(Diana María Ivizate González, YO TE HE QUERIDO EN SUEÑOS. Valencia, Aduana Vieja Editorial, 2014)
sábado, 14 de febrero de 2015
Así es el amor
Una rosa
Creé un jardín,
y dentro del jardín: una rosa.
Si llueve, temeré por ella,
la abrigaré
con mis manos cubriendo
su hermosa tez,
si salen las estrellas, tendré los celos
de que la alumbren toda, con sus destellos.
Desafiaré a la luna, si se le acerca,
día y noche, velando, estaré a su puerta,
porque cuando yo duermo, ella perfuma
las horas de mis sueños, una a una.
Si una lágrima baja por mis pestañas,
la rosa, de un suspiro, me la empaña,
con un pétalo suyo, luego la seca,
hace con sus espinas una muralla,
para que entren los buenos, y los malos se vayan.
Si anochece temprano, la cubriré,
con un velo rosado, protegeré...
Todo lo que la noche trae consigo,
porque yo la he creado, y ella me espera
sobre su tallo verde, en primavera.
Cuando el invierno llega, muere a mi lado,
y aún cuando se marchita,
nos amamos.
(Diana María Ivizate González, Yo te he querido en sueños. Valencia, Aduana Vieja Editorial, 2014)
Creé un jardín,
y dentro del jardín: una rosa.
Si llueve, temeré por ella,
la abrigaré
con mis manos cubriendo
su hermosa tez,
si salen las estrellas, tendré los celos
de que la alumbren toda, con sus destellos.
Desafiaré a la luna, si se le acerca,
día y noche, velando, estaré a su puerta,
porque cuando yo duermo, ella perfuma
las horas de mis sueños, una a una.
Si una lágrima baja por mis pestañas,
la rosa, de un suspiro, me la empaña,
con un pétalo suyo, luego la seca,
hace con sus espinas una muralla,
para que entren los buenos, y los malos se vayan.
Si anochece temprano, la cubriré,
con un velo rosado, protegeré...
Todo lo que la noche trae consigo,
porque yo la he creado, y ella me espera
sobre su tallo verde, en primavera.
Cuando el invierno llega, muere a mi lado,
y aún cuando se marchita,
nos amamos.
(Diana María Ivizate González, Yo te he querido en sueños. Valencia, Aduana Vieja Editorial, 2014)
viernes, 6 de febrero de 2015
El típico día de San Valentín...
Amores filosóficos (para matrimonios de 20 años)
No entres al baño para decirme
una frase de Jenofonte, amor,
estaré enjabonada y mis senos turgentes
no podrán contestarte…
Más tarde leeremos
el Inferno
de Dante, mientras hacemos olas,
una ola que sube otra que baja…
¿Te gustan las gaviotas?
En la arena parecen divertidas:
Lucinda, Pasiflor, Luna Quebrada,
pero quieren pasar inadvertidas,
no atienden mi llamada.
Tú tampoco te bajas de la ola, parece que cabalgas…
Cabalgas hacia el sol, guerrero fuerte,
hacia el sol tu mirada,
y yo sigo en el baño y Jenofonte
me mira enjabonada.
(Diana María Ivizate González, Yo te he querido en sueños. Valencia, Aduana Vieja Editorial, 2014)
sábado, 17 de enero de 2015
La gravedad
SANTO Y SEÑA
No hicimos el amor...
Pero tus brazos
me rodearon amando lentamente,
era yo de tu cuerpo una parcela,
eras un velo gris sobre mi mente.
No hicimos el amor, pero tu lengua
me recorrió desnuda, palmo a palmo,
y yo temblé por miedo a olvidar
mi nombre y esta Era...
La gravedad del caso fue creciente:
se hundió la luna entre la primavera,
se atrajeron el mar y los paisajes
que estaban por venir, ¿cómo pudiste,
con tanta fuerza desviar el río,
cambiar el sol, poner otro planeta?
Ahora la tierra gira alrededor de ti,
y yo ya no recuerdo el santo ni la seña.
(Diana María Ivizate González, Yo te he querido en sueños. Valencia, Aduana Vieja Editorial , 2014)
No hicimos el amor...
Pero tus brazos
me rodearon amando lentamente,
era yo de tu cuerpo una parcela,
eras un velo gris sobre mi mente.
No hicimos el amor, pero tu lengua
me recorrió desnuda, palmo a palmo,
y yo temblé por miedo a olvidar
mi nombre y esta Era...
La gravedad del caso fue creciente:
se hundió la luna entre la primavera,
se atrajeron el mar y los paisajes
que estaban por venir, ¿cómo pudiste,
con tanta fuerza desviar el río,
cambiar el sol, poner otro planeta?
Ahora la tierra gira alrededor de ti,
y yo ya no recuerdo el santo ni la seña.
(Diana María Ivizate González, Yo te he querido en sueños. Valencia, Aduana Vieja Editorial , 2014)
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