Tu lenguaje es tu signo

La poesía es un mundo que se esconde más allá de lo aparente...
Diana Ivizate

sábado, 9 de mayo de 2015

La bailarina española

X

El alma trémula y sola
Padece al anochecer:
Hay baile; vamos a ver
La bailarina española.

Han hecho bien en quitar
El banderón de la acera;
Porque si está la bandera,
No sé, yo no puedo entrar.

Ya llega la bailarina:
Soberbia y pálida llega:
¿Cómo dicen que es gallega?
Pues dicen mal: es divina.

Lleva un sombrero torero
Y una capa carmesí:
¡Lo mismo que un alelí
Que se pusiese un sombrero!

Se ve, de paso, la ceja,
Ceja de mora traidora:
Y la mirada, de mora:
Y como nieve la oreja.

Preludian, bajan la luz,
Y sale en bata y mantón,
La virgen de la Asunción
Bailando un baile andaluz.

Alza, retando, la frente;
Crúzase al hombro la manta;
En arco el brazo levanta:
Mueve despacio el pie ardiente.

Repica con los tacones
El tablado zalamera,
Como si la tabla fuera
Tablado de corazones.

Y va el convite creciendo
En las llamas de los ojos,
Y el manto de flecos rojos
Se va en el aire meciendo.

Súbito, de un salto arranca:
Húrtase, se quiebra, gira:
Abre en dos la cachemira,
Ofrece la bata blanca.

El cuerpo cede y ondea;
La boca abierta provoca;
Es una rosa la boca:
Lentamente taconea.

Recoge, de un débil giro,
El manto de flecos rojos:
Se va, cerrando los ojos,
Se va, como en un suspiro...

Baila muy bien la española;
Es blanco y rojo el mantón:
¡Vuelve, fosca, a su rincón
El alma trémula y sola!
(JOSÉ MARTÍ, 1853-1895)

viernes, 1 de mayo de 2015

Perfume de mujer

PERFUMADA
Me perfumé desnuda
después que tanta agua
se deslizara fresca por mi cuerpo,
el perfume en mis dedos iba tocando tersa
la piel y los hirsutos
pendientes del deseo...
Recorrí cavidades, estaciones desiertas,
montañas y recodos,
y pétalos que tiemblan
cuando tus labios tocan
y humedece tu lengua.
Y luego me tendí sobre la seda roja,
blanda y abierta,
y llegaron lacayos, y suspiraron reinas,
el rey dio jaque mate
con damas negras.
Pareció que llegabas
cuando ya yo me iba...
Entraban y salían los que lo deseaban,
el perfume embriagaba...
Los pétalos, la lengua,
la seda roja, el cielo,
las damas negras.
Ya pierdo la noción,  el orden de las cosas,
me cuesta respirar
sin pedir mariposas,
siento en toda la piel un gran revoloteo...
¿Es un delito, amor,
perfumarse el deseo?
(Diana María Ivizate González,  YO TE HE QUERIDO EN SUEÑOS.  Valencia,  Aduana Vieja Editorial,  2014)

sábado, 25 de abril de 2015

Una sombra en el espejo

HICE EL AMOR SIN TI
Hice el amor sin ti esta tarde, cariño,
yo misma me arranqué el corpiño,
y yo misma el dolor de no tenerte.
Besé una sombra como tú
en el espejo,
respondió su reflejo con un guiño...
Toqué en el aire un cuerpo enardecido,
que abrazó el mío.
Me dijo tantas cosas al oído...
Me confesó su amor entre sollozos,
y suspiró:
el verdadero gozo
es amarnos así,
morir de lejos,
uniendo con el cielo nuestros pasos.
Vagar hambrientos entre la multitud
y abrir los brazos
para abrazar al otro,
aunque nos llamen locos, abrazarnos,
mientras nos quema el sol, o seduce la luna,
pues después de esta vida no hay ninguna,
y dejamos pasar el calor de otros cuerpos
porque sólo los nuestros,  cuando se unan,
serán eternos.
(Diana María Ivizate González,  Desdémona regresa. Valencia,  Aduana Vieja Editorial,  2015)

jueves, 16 de abril de 2015

Imagen de Narciso

NARCISO HUYE DEL FUEGO DE LAS AGUAS
Narciso se ha perdido
la pasión de su imagen en la fuente.
Mira y escapa por donde mismo vino,
pero se vuelve...
Y al volverse se espera que todo lo invisible se revele
bajo el manto dorado de la noche que acecha.
Pero se vuelve...
Desconoce la sombra que aguarda,
la hoja que se desliza sobre la blanda hierba,
desconoce,
que todo puede ser en este instante revelado
si la fuente se acerca.
No precisa mirarse sobre el agua,
pues si el agua le roza es el abismo.
Se aleja...
De toda destrucción,  de todo cauce
que conduzca a las aguas cristalinas,
se aleja para siempre y se confunde
con un pájaro negro en lontananza,
un penacho de palma,
una llovizna.
(Diana María Ivizate González,  Hallar el sitio. Miami, Editorial Homagno, 2008)

domingo, 12 de abril de 2015

Un cuadro de Rousseau

EVA EN EL SUEÑO
de Rousseau,
con cara de Tahitiana,
dejándole el silencio a la pantera,
escuchando a la selva y sus premoniciones,
ensayando una siesta cerca de los leones.
Esperando al abanicador por excelencia.
Aspirando el olor de aquellas flores
que hieren la espesura,
y la música lenta
de una tribu
que llega a venerarla
cuando sube la luna.
(Diana María Ivizate González,  PAISAJES DE MUJER / WOMANLANDS. Madrid,  Editorial Verbum, 2010)

miércoles, 18 de marzo de 2015

NO SE TRATA DE POSEER...

¿POR QUÉ NO FUISTE MÍA?
¿Y por qué no quedamos para vernos un día?
Tú, en la acera del frente,
yo, al cruzar la avenida...
Los encuentros tardíos son los más deseados:
¿Por qué no te vi nunca?
¿Por qué no fuiste mía?
Dejamos para luego toda filosofía
y nos amamos ya,
tenemos prisa...
La vida se nos fue sin abrazarnos,
y si nos abrazamos,  se nos irá el tranvía.
Pero dejamos ir, dejamos que se vaya...
En un campo desierto, hagamos poesía...
Sin tráfico,  sin luces,
tu mirada y la mía iluminan las calles,
el temblor leve de mis labios te roza,
pasa un cocuyo, vuela una mariposa,
y vuelves a decir que la vida es hermosa
cuando tomas mi mano tan fuerte entre las tuyas
y lloras pronunciando:
"¿por qué no fuiste mía?"
(Diana María Ivizate González,  YO TE HE QUERIDO EN SUEÑOS.  Valencia,  Aduana Vieja Editorial,  2014)

sábado, 14 de marzo de 2015

Ni un crimen de Allan Poe

VOY A QUERERTE
Voy a quererte,  porque no encuentro
ni justificación ni alegoría,
ni una ley que se oponga,
ni enmienda que me salve;
ni un párrafo en la Poética de Aristóteles
para dejarte,
ni un soneto de Shakespeare,
ni un crimen de Allan Poe.
Pero quizás encuentre...
una huella en la arena,
alguna caracola con oculto sonido
que, al pegarla al oído,  grite: "debes salvarte".
Aún así es un peligro: me salvaría contigo.
Voy a quererte a ciegas
porque este amor sin tino me sigue a todas partes,
se esparce como el polen, se pega a los abrigos.
En invierno estornudo a ver si me deshago
de este amor peregrino.
En verano me agito, y te sudo, amor mío.
Eres una sustancia tan humana y divina,
que seduces a Apolo, y tientas a Afrodita.
Los dioses del Olimpo se quedaron contigo
porque eras un deseo,  y estabas prohibido.
Y yo que soy mortal... me quedaré contigo,
con el peso tremendo de un amor sin motivo.
(Diana María Ivizate González,  YO TE HE QUERIDO EN SUEÑOS.  Aduana Vieja Editorial,  2014)