Una rosa
Creé un jardín,
y dentro del jardín: una rosa.
Si llueve, temeré por ella,
la abrigaré
con mis manos cubriendo
su hermosa tez,
si salen las estrellas, tendré los celos
de que la alumbren toda, con sus destellos.
Desafiaré a la luna, si se le acerca,
día y noche, velando, estaré a su puerta,
porque cuando yo duermo, ella perfuma
las horas de mis sueños, una a una.
Si una lágrima baja por mis pestañas,
la rosa, de un suspiro, me la empaña,
con un pétalo suyo, luego la seca,
hace con sus espinas una muralla,
para que entren los buenos, y los malos se vayan.
Si anochece temprano, la cubriré,
con un velo rosado, protegeré...
Todo lo que la noche trae consigo,
porque yo la he creado, y ella me espera
sobre su tallo verde, en primavera.
Cuando el invierno llega, muere a mi lado,
y aún cuando se marchita,
nos amamos.
(Diana María Ivizate González, Yo te he querido en sueños. Valencia, Aduana Vieja Editorial, 2014)
En este blog comparto poesía, como una de las manifestaciones del arte que más llegan al corazón de los lectores. La poesía sensibiliza, abre puertas, ensancha el conocimiento por medio de la imagen, nos ayuda a ver un mundo más allá de lo aparente. Diana Ivizate
Tu lenguaje es tu signo
La poesía es un mundo que se esconde más allá de lo aparente...
Diana Ivizate
sábado, 14 de febrero de 2015
viernes, 6 de febrero de 2015
El típico día de San Valentín...
Amores filosóficos (para matrimonios de 20 años)
No entres al baño para decirme
una frase de Jenofonte, amor,
estaré enjabonada y mis senos turgentes
no podrán contestarte…
Más tarde leeremos
el Inferno
de Dante, mientras hacemos olas,
una ola que sube otra que baja…
¿Te gustan las gaviotas?
En la arena parecen divertidas:
Lucinda, Pasiflor, Luna Quebrada,
pero quieren pasar inadvertidas,
no atienden mi llamada.
Tú tampoco te bajas de la ola, parece que cabalgas…
Cabalgas hacia el sol, guerrero fuerte,
hacia el sol tu mirada,
y yo sigo en el baño y Jenofonte
me mira enjabonada.
(Diana María Ivizate González, Yo te he querido en sueños. Valencia, Aduana Vieja Editorial, 2014)
sábado, 17 de enero de 2015
La gravedad
SANTO Y SEÑA
No hicimos el amor...
Pero tus brazos
me rodearon amando lentamente,
era yo de tu cuerpo una parcela,
eras un velo gris sobre mi mente.
No hicimos el amor, pero tu lengua
me recorrió desnuda, palmo a palmo,
y yo temblé por miedo a olvidar
mi nombre y esta Era...
La gravedad del caso fue creciente:
se hundió la luna entre la primavera,
se atrajeron el mar y los paisajes
que estaban por venir, ¿cómo pudiste,
con tanta fuerza desviar el río,
cambiar el sol, poner otro planeta?
Ahora la tierra gira alrededor de ti,
y yo ya no recuerdo el santo ni la seña.
(Diana María Ivizate González, Yo te he querido en sueños. Valencia, Aduana Vieja Editorial , 2014)
No hicimos el amor...
Pero tus brazos
me rodearon amando lentamente,
era yo de tu cuerpo una parcela,
eras un velo gris sobre mi mente.
No hicimos el amor, pero tu lengua
me recorrió desnuda, palmo a palmo,
y yo temblé por miedo a olvidar
mi nombre y esta Era...
La gravedad del caso fue creciente:
se hundió la luna entre la primavera,
se atrajeron el mar y los paisajes
que estaban por venir, ¿cómo pudiste,
con tanta fuerza desviar el río,
cambiar el sol, poner otro planeta?
Ahora la tierra gira alrededor de ti,
y yo ya no recuerdo el santo ni la seña.
(Diana María Ivizate González, Yo te he querido en sueños. Valencia, Aduana Vieja Editorial , 2014)
domingo, 28 de diciembre de 2014
La última noche del año
Guardianes en la noche
Sueño con cuerpos desnudos
en una noche estrellada...
Los plátanos que se mueven
y la cadencia del agua,
el río que va pasando
desea reflejar mi cara,
las ráfagas mueven palmas
y las palmas se despeinan.
A lo lejos veo una ceiba
de luz de luna bañada,
y los relucientes cuerpos,
desnudos,
se acercan para rodearla.
Feliz la ceiba que tiene
la custodia asegurada:
como guardianes de noche,
se elevan ya sus espadas:
negras, dulces, duras y altas.
¡Ay, quién pudiera acercarse
a esa ceiba custodiada,
dejarse caer sumisa, en medio de la sabana,
y ser, de pies a cabeza, palmo a palmo revisada,
con la lengua, con los ojos,
de la guardia allí emboscada,
con las manos, con los dientes,
con las jugosas espadas!
(Diana María Ivizate González, Yo te he querido en sueños. Valencia, Aduana Vieja Editorial, 2014)
Sueño con cuerpos desnudos
en una noche estrellada...
Los plátanos que se mueven
y la cadencia del agua,
el río que va pasando
desea reflejar mi cara,
las ráfagas mueven palmas
y las palmas se despeinan.
A lo lejos veo una ceiba
de luz de luna bañada,
y los relucientes cuerpos,
desnudos,
se acercan para rodearla.
Feliz la ceiba que tiene
la custodia asegurada:
como guardianes de noche,
se elevan ya sus espadas:
negras, dulces, duras y altas.
¡Ay, quién pudiera acercarse
a esa ceiba custodiada,
dejarse caer sumisa, en medio de la sabana,
y ser, de pies a cabeza, palmo a palmo revisada,
con la lengua, con los ojos,
de la guardia allí emboscada,
con las manos, con los dientes,
con las jugosas espadas!
(Diana María Ivizate González, Yo te he querido en sueños. Valencia, Aduana Vieja Editorial, 2014)
sábado, 13 de diciembre de 2014
Lo justo y lo prohibido
Eva cansada
al final del letargo,
cuando las fuerzas vuelven
y se desea lo justo y lo prohibido,
siendo esto último un poco más ansiado.
Por pabellones de incierta melodía
y vericuetos donde cantan las aves
canciones de sirenas.
Por arrecifes donde los lobos
dejan de ser marinos
y se desea lo justo y lo lejano,
siendo esto último un poco más urgente.
Sobre las rocas
marcando la marea
a un ritmo que no puede confundirse,
sobre la arena, mordiendo lo que queda...
clavándose en la frente
las estrellas.
(Diana María Ivizate González, Paisajes de mujer / Womanlands. Madrid, Editorial Verbum, 2010)
al final del letargo,
cuando las fuerzas vuelven
y se desea lo justo y lo prohibido,
siendo esto último un poco más ansiado.
Por pabellones de incierta melodía
y vericuetos donde cantan las aves
canciones de sirenas.
Por arrecifes donde los lobos
dejan de ser marinos
y se desea lo justo y lo lejano,
siendo esto último un poco más urgente.
Sobre las rocas
marcando la marea
a un ritmo que no puede confundirse,
sobre la arena, mordiendo lo que queda...
clavándose en la frente
las estrellas.
(Diana María Ivizate González, Paisajes de mujer / Womanlands. Madrid, Editorial Verbum, 2010)
domingo, 30 de noviembre de 2014
Mi corazón no es mío...
XXXVII
¿Quieres poner tu guirnalda de frescas flores
en mi cuello, hermosa?
Pero debes saber que la única guirnalda que he
tejido es para muchos, para aquellos que son vistos
en relámpagos fugaces, o moran en tierras
inexploradas, o viven en canciones de poetas.
Es demasiado tarde para pedir mi corazón
a cambio del tuyo.
Hubo un tiempo en que mi vida era como un capullo,
todo su perfume estaba atesorado en su corazón.
Ahora está derrochado por todas partes.
¿Quién conoce el encantamiento que puede recogerlo
y volver a encerrarlo?
Mi corazón no es mio para darlo sólo a una,
lo doy a muchos.
(RABINDRANAZ TAGORE)
¿Quieres poner tu guirnalda de frescas flores
en mi cuello, hermosa?
Pero debes saber que la única guirnalda que he
tejido es para muchos, para aquellos que son vistos
en relámpagos fugaces, o moran en tierras
inexploradas, o viven en canciones de poetas.
Es demasiado tarde para pedir mi corazón
a cambio del tuyo.
Hubo un tiempo en que mi vida era como un capullo,
todo su perfume estaba atesorado en su corazón.
Ahora está derrochado por todas partes.
¿Quién conoce el encantamiento que puede recogerlo
y volver a encerrarlo?
Mi corazón no es mio para darlo sólo a una,
lo doy a muchos.
(RABINDRANAZ TAGORE)
sábado, 22 de noviembre de 2014
Hombre tocando el saxofón
Un par de poemas
Con un par de poemas
se pasa este dolor.
La imagen tuya que amo
se me sienta muy cerca,
me besa, me sonríe, dice algo del pasado,
tiene la piel muy tersa y una camisa azul.
No te dejaré sola, me susurra al oído...
Yo me dejo llevar al cielo y le sonrío,
toco la gloria rosa y el abismo morado:
ya no espero por ti,
ya no te necesito.
Con un par de poemas
se calma este dolor.
Tengo la gloria eterna, el pecado y el vino,
pero me faltas tú.
Quiero beber tu cuerpo, de donde viene el mío,
algún derecho tengo por ser de tu costado
un soplo de esperanza,
una gogó nocturna bailando entre manzanas,
para que te entretengas,
así Dios me envió.
Y no pienso marcharme, con tu mano en mi saxo
cuento bajo la luna infinitas estrellas
y seguiré contando,
hasta que quieras tú.
(Diana María Ivizate González, Yo te he querido en sueños. Valencia, Aduana Vieja Editorial, 2014)
Con un par de poemas
se pasa este dolor.
La imagen tuya que amo
se me sienta muy cerca,
me besa, me sonríe, dice algo del pasado,
tiene la piel muy tersa y una camisa azul.
No te dejaré sola, me susurra al oído...
Yo me dejo llevar al cielo y le sonrío,
toco la gloria rosa y el abismo morado:
ya no espero por ti,
ya no te necesito.
Con un par de poemas
se calma este dolor.
Tengo la gloria eterna, el pecado y el vino,
pero me faltas tú.
Quiero beber tu cuerpo, de donde viene el mío,
algún derecho tengo por ser de tu costado
un soplo de esperanza,
una gogó nocturna bailando entre manzanas,
para que te entretengas,
así Dios me envió.
Y no pienso marcharme, con tu mano en mi saxo
cuento bajo la luna infinitas estrellas
y seguiré contando,
hasta que quieras tú.
(Diana María Ivizate González, Yo te he querido en sueños. Valencia, Aduana Vieja Editorial, 2014)
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